Esta fábula va de tres
personajes que creían ser algo que no eran, y que se complicaron la vida porque
asumieron como ciertas algunas verdades que les llevaron a comportarse, como a
muchos de nosotros, de una manera un tanto absurda…
La historia dice así:
Érase un vez Caperucita,
su abuelita y el lobo feroz. Un día, viendo que las cosas no iban del todo
bien, que llevaban unas vidas un tanto ajetreadas y complicadas, y, sobre todo,
que estaban cansados de vivir siempre el mismo cuento, decidieron ir a ver a un
buen psicólogo.
Al cabo de unos meses de
trabajo terapéutico…
… Caperucita decidió
dejar de hablar con lobos seductores, manipuladores y mentirosos que la
engañaban y la hacían andar más de la cuenta por caminos largos y complicados.
… la abuelita decidió
dejar de abrir la puerta a lobos que se hacían pasar por tiernas niñas, aunque
peludas y con la voz ronca. Decidió, además, dejar de vivir en una casa aislada
en medio del bosque y se compró un pisito en la ciudad. También contrató a una
asistenta para que la cuidase y le hiciera la compra, a fin de evitar que su
nieta tuviese que llevarle provisiones atravesando un bosque lleno de lobos
mentirosos y peligrosos. Porque la abuelita, gracias a la buena fe de su hija y
su nieta, había ido ahorrando con el tiempo dinero de sobra para pagarse el
pisito y la asistenta.
…y el lobo feroz decidió
dejar de disfrazarse de abuelita y de meterse en camas ajenas para cazar. Vio
que era más fácil cazar conejos en el bosque que complicarse la vida engañando
a niñas y abuelas usando disfraces… Es decir, decidió ser un lobo de verdad, un
lobo auténtico.
Y colorín colorado, el
cuento se ha acabado… ¡Definitivamente! Para descanso y felicidad de sus tres
protagonistas.
Moraleja: quizá para empezar a ser felices de verdad lo que
toca es empezar a ser sinceros con nosotros mismos para vernos tal cual somos,
pedir ayuda si la necesitamos y en definitiva… ¡Dejarnos de cuentos!
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